lunes, 19 de julio de 2010

Una DuRa DeSpEdiDa...!*


Me miró…preguntándome que iba a hacer, -yo me voy a casa- fue lo que dije delante de todos. Después de despedirme de todos aquellos a los cuales no había visto en unos meses, me quede un momento quieta…

- Ahora nos damos un paseo tú y yo, te conozco, y tú no te vas ya a casa.

Que bien me conoce…le cogí la mano y me apoye en su hombro, entonces empezamos a caminar. En el camino me dediqué a escuchar todo lo que me contaba, tropezando las miradas en algunos momentos, aunque yo lo intentaba evitar.

- Cuéntame algo, ¿Qué has hecho? Estás muy callada- fue lo que me dijo.

- Estoy intentando asimilar cosas.

- ¿Qué cosas?

- Que te vas.

Su mirada se volvió a tropezar con la mía, aunque bajé la cabeza enseguida.

- Tú también te irás.

En eso tenía razón…yo me iría a principios de agosto, para volver, e irme otra vez.

- Yo volveré a las Canarias Bea…

- Sí, pero no antes de que yo me vaya…

Me sentí egoísta en ese momento, yo me iba, exacto, pero no esperaba que su partida fuera tan temprano, sabía que se tenía que ir, y sabía que lo haría, pero no sabía que fuese tan pronto y sin billete de vuelta.

Seguimos caminando, seguía hablándome e intentando despejar mi cabeza de la idea de su partida, pero no lo conseguía, yo ya sabía que esa tarde iba a ser la tarde de nuestra despedida. Nos sentamos en un banco que hay cerca de la Concepción, enfrente de una puerta de garaje que en ese momento me pareció horrible con aquella grúa colorida llevándose a aquel coche, después de todo, ahora la veo de forma diferente.

Mientras yo seguía callada, se dedicaba a mirarme y a intentar meter algo de alimento por mi boca, finalmente lo consiguió, tiene un gran poder de persuasión, lo sabe…

- ¿Por qué me miras tanto?- le pregunté.

- Porque te quiero.

Era la respuesta que menos esperaba, con las palabras exactas que se guardaron dentro del corazón. Miré hacia el otro lado, pero era inevitable, cuando me volví hacia ella, una lágrima calló por cada uno de mis ojos. Me abrazó y me mantuvo ahí mientras yo derramaba una a una toda la tristeza que tenía dentro.

- Perdóname por haberme enfadado contigo- le dije entre lágrimas.

- Ni me molestó, se que no era un enfado, solo que no querías ver la realidad.

Tenía razón… Seguí abrazándola, preguntándome que haría yo sin ella…

- Seguir haciendo, porque yo voy a seguir ahí, no te voy a dejar sola porque tú formas parte de mi vida, eres como mi hermana.

Yo seguía llorando, no podía evitarlo, y ella daba con las palabras justas que se iban guardando dentro de mí. Todavía me abrazaba, pero ésta vez me miraba con aquellos ojos en los que yo siempre había buscado protección, asilo, cariño, los mismos que me decían que todo iba a estar bien, los mismos que hacían que fuera una de mis mejores amigas.

Ya era hora de marcharse, nos levantamos mientras yo secaba mis últimas lágrimas, le volví a coger la mano y echamos a andar, apenas quedaban unos minutos para separar nuestros caminos por unos meses. Me quité uno de mis pendientes, aquel que reflejaba el símbolo de la paz y que siempre le había gustado, lo mantuve en la mano hasta el lugar en donde nuestros caminos se separaban. Me miró y le devolví la mirada, no hacia falta más, se despidió de mí mientras le colocaba mi pendiente en su mano, nos separamos y me sonrió, esa fue la última imagen en la cual aparecemos juntas. 18~7~10. Por ahora...

1 comentario:

  1. Muchas veces lo mejor es dejar que nuestros seres queridos puedan partir, para así poder cumplir sus sueños, con los medios de hoy en día, la distancia no se hace tan "torturante"

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